Cuatro visiones de cómo se vive la montaña, cuatro caracteres, cuatro jóvenes

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Tss 2014

 

Cuatro visiones de cómo se vive la montaña. Cuatro caracteres, cuatro historias, cuatro jóvenes.

Ser conscientes de las diferencias de preparación física de nuestros/as semejantes resulta, a veces, complicado. Caminamos a nuestro ritmo, siguiendo nuestro pensamiento y creyendo que marcamos el paso. Estar bien preparado/a para la montaña es un reto personal. Se han de vencer diversas barreras, se ha de dedicar tiempo y se ha de tener convicción. Pero dejar atrás nuestro propio ritmo en pos del grupo también es un reto. Apartar el egoísmo natural que nos lleva a andar rápido sin pensar en que los demás no pueden seguirnos; apartar la necesidad física para dar paso a la solidaridad.

Dos de los cuatro jóvenes que he entrevistado en el refugio de Amitges están muy preparados física y mentalmente para la montaña.  Uno me cuenta que “nunca había conseguido bajar el ritmo, pero que ahora, gracias ser consciente del ritmo de los demás, ha logrado ir más lento”, el otro xxx que hasta ahora siempre que había subido una montaña iba a “saco, sin prestar atención al entorno, sino con el objetivo de llegar y ahora puede disfrutar de la charla, de compartir un momento”.

Otros dos, al igual que yo, miramos la montaña de lejos y la visitamos de vez en cuando. Sentimos en cada paso cuánto cuesta avanzar y el esfuerzo que hacen los músculos. También podemos ser egoístas. Podemos ir lento, quejarnos, quedarnos atrás y no avanzar, pero, sin embargo aumentamos un poco nuestro ritmo, para poder caminar junto a los/as demás, a los que van más rápido. Al final, “si tus compañeros/as te ayudan no es tan duro” afirma otra joven que al principio sintió que algunas etapas eran demasiado duras. “ Y es que si no vas mucho a la montaña es difícil entrenarse al principio me quedaba detrás, pero luego hice un esfuerzo y logré ir delante, comenta una de las chicas,

El ritmo lo marca cada uno/a pero en algunos momentos hemos de esforzarnos para caminar junto a otros/as. Todo/as somos diferentes pero queremos encontrarnos en este entorno tan especial, porque aunque vivamos la montaña con sentimientos diferentes, con preparación distinta, es posible aunar los ritmos.

Lucía Gorosito Guajardo.

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