“La montaña me enseñó que pasito a pasito se puede llegar a cualquier sitio”

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No nací en una familia “montañera”. Mis padres no fueron los que me introdujeron al mundo natural. No fui yo quien fue. Fue ella, la montaña, la que me encontró. No fue hasta la adolescencia que ella me cautivo con el sinfín de paisajes, aromas, y sobretodo, sentimientos.

Vanessa Martinez

Yo he querido ser de todo: astronauta, profesora, escritora, física. Me costó mucho decidirme si para ciencias o letras, pues el tema social me atraía mucho. Mi frase siempre era: yo quiero trabajar en algo que ayude a la gente. Psicóloga, trabajadora social, eran perfiles que me llamaban la atención. Pero, claro, la naturaleza también me llamaba, me atraía, me reclamaba. Hasta que un buen día lo vi todo claro. Era un mediodía de esos tontos que acabas de comer y te tiras al sofá esperando encontrar un documental de esos que inducen a esa cierta morriña precedera a la siesta de un viernes sin clases. ¡Que equivocada estaba! Aquel día estaban retransmitiendo un documental sobre las 10 maravillas geológicas del mundo: Yellowstone, el cañón del Colorado, etc. No sé si tenía un día sensible, pero mientras veía todas aquellas imágenes a modo de pájaro, unas lágrimas de emoción resbalaban por mis mejillas. Fue entonces cuando lo tuve claro.

Estudiaría geología, pues con ello entendería las maravillosas formas del paisaje, las causas de la formación de las montañas, la evolución de los diferentes continentes y sus fuerzas atribuidas, el motivo de fenómenos naturales como los terremotos o volcanes que a veces veía por la tele en modo de desastre. Mientras hacía la carrera reafirmaba mi pasión por las montañas y la buena elección que hice en mi intento de entender la geología. Pero… ¿Al acabar qué? La geología tiene muchas ramas de estudio, más de las que uno imagina. Aunque la realidad del país no parecía ayudarme mucho. La salida profesional más habitual era la construcción, los estudios en obras. A mí eso nunca me gustó, pero sabía que para entrar en el mundillo profesional, primero, debía empezar por lo que fuera. Pero, como he dicho, la realidad no estaba de parte de los geólogos, y ni trabajos en obras podías encontrar. Empecé a pensar para dónde tirar. Tenía que encontrar mi sitio. Había algo que aún me faltaba por completar.

Fue entre todos estos pensamientos y dudas que me tocó la “lotería”. Tuve la oportunidad para ir a Centroamérica con una ONG llamada Geólogos del Mundo. Ahí entendí que era lo que me faltaba, era justamente, la parte social. Los conocimientos técnicos que había adquirido pude transmitirlos a personas de comunidades en vías de desarrollo. Me sentí llena. Pero todos los proyectos de cooperación llegan a su fin. Y después de dos años caminando entre volcanes, tocó regresar a la realidad que había dejado. Tocó la época de volverse a replantear qué camino tomar, para dónde seguir. Decidí aprovechar el desempleo para seguir formándome y para cumplir uno de mis sueños adolescentes, de esos que no siempre escuchas por pensar justamente eso, que son solo sueños. Y volví a mis pensamientos juveniles: ¿Qué es lo que realmente me gusta? Caminar en la montaña. Soy geóloga, me gustan las rutas y me gusta transmitir a las personas la pasión que yo siento por la geología. ¿Qué puedo hacer con estas tres motivaciones? ¡Crear un proyecto de georutas! Y, justamente, es en eso en lo que estoy actualmente.

¿ Qué es para mí la montaña? Para mí lo es todo, es mi ocio y mi trabajo, es mi forma de vida, es mi desahogo y mi motor de energía.

Es la que me ha esculpido mi personalidad. Es la que me ha enseñado que pasito a pasito se puede llegar a cualquier sitio, que no importa la velocidad, sino la paciencia, el no perder la fe en las posibilidades de uno mismo.

Le debo mucho a los Pirineos. Ellos me encontraron y yo les devolveré el favor con respeto y una eterna admiración. Porque no importa las veces que vaya a Ulldeter (que es dónde me inicié), sino aquel sentimiento que te recorre el cuerpo cuando el viento te susurra tranquilidad y los picos te regalan aquellos paisajes que te permiten volar y olvidarte de la realidad por unos instantes.

Por todo esto cuando descubrí las actividades de la Transpirenaica Social y Solidaria, me encantó la iniciativa. Gracias por hacer este tipo de iniciativas.

Un saludo para todos los y las transpirenaic@s sociales y solidari@s de parte, de una brújula inquieta.

Vanessa Martínez.

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